El duque había ocultado el rostro de su hija desde la infancia bajo una máscara de metal oscuro y un velo blanco, para que nadie en el castillo pudiera ver su verdadero rostro hasta el día de su boda. Pero cuando el novio finalmente retiró la máscara frente al altar, todo el salón quedó paralizado de horror al descubrir lo que se ocultaba debajo

HISTORIAS DE VIDA

El duque había ocultado el rostro de su hija desde la infancia bajo una máscara de metal oscuro y un velo blanco, para que nadie en el castillo pudiera ver su verdadero rostro hasta el día de su boda. Pero cuando el novio finalmente retiró la máscara frente al altar, todo el salón quedó paralizado de horror al descubrir lo que se ocultaba debajo 😳

Cuando la joven Seraphina cumplió seis años, ocurrió algo extraño en el castillo de Blackmoor, algo de lo que la gente susurraría durante muchos años.

Aquel día, el duque ordenó que convocaran a los mejores herreros, joyeros y costureras. Al caer la tarde, llevaron a los aposentos de la niña una máscara de metal oscuro que cubría todo el rostro, junto con un largo velo blanco que caía desde su cabeza casi hasta el suelo.

La máscara solo tenía unas estrechas ranuras para los ojos y pequeños orificios para respirar. En la parte posterior había un candado pequeño, pero resistente. El duque llevaba siempre la llave alrededor del cuello y nunca se la mostraba a nadie.

Solo la duquesa sabía por qué le había hecho aquello a su hija. Pero unos meses después, murió repentinamente, llevándose consigo a la última persona que conocía la verdad.

Desde aquel día, Seraphina siempre aparecía únicamente con aquella máscara.

Terribles rumores se extendieron por todo el castillo. Algunos decían que la niña había nacido con un rostro espantoso. Otros estaban seguros de que una antigua maldición pesaba sobre ella. Algunos susurraban que el duque había visto algo tan terrible bajo su rostro que decidió ocultarla de la gente para siempre.

Pero nadie conocía la verdad.

Los sirvientes tenían miedo de mirarla. Cada vez que Seraphina caminaba por los pasillos, todos guardaban silencio de inmediato. Casi nunca hablaba, rara vez salía al jardín y siempre se mantenía alejada de los demás. Solo algunas veces, a altas horas de la noche, la gente la escuchaba tocar suavemente el clavicémbalo en el antiguo salón.

Con el paso de los años, el miedo a su alrededor no hizo más que crecer.

Un día, un artesano intentó fabricar una copia de la llave, pero a la mañana siguiente fue expulsado del castillo. En otra ocasión, una joven criada intentó mirar debajo del velo mientras Seraphina dormía junto a la chimenea, pero al día siguiente desapareció.

Después de aquello, nadie volvió a atreverse a acercarse a la máscara.

El duque repetía siempre lo mismo:

—La máscara solo será retirada el día de su boda.

Pero los años pasaron y ningún novio apareció.

Ningún noble quería casarse con una joven cuyo rostro nadie había visto jamás. Muchos temían que algo terrible se ocultara bajo la máscara.

Entonces, un día, un joven lord llamado Adrian llegó a Blackmoor. Era hijo de una familia noble arruinada y comprendía que casarse con la hija del duque podía cambiar su vida para siempre.

La gente discutía día y noche.

—Lo hace por la riqueza.

—No, quiere descubrir la verdad.

—¿Y si hay un monstruo debajo de la máscara?

Pero la boda fue organizada de todos modos.

El día de la ceremonia, el antiguo salón estaba lleno de invitados. Cientos de velas ardían, todos permanecían de pie a lo largo de la alfombra roja y esperaban un único momento.

Cuando las puertas se abrieron, se hizo un silencio tan profundo que podía escucharse el crepitar de las velas.

El propio duque condujo a su hija hasta el altar.

Seraphina llevaba un vestido blanco bordado con plata, pero su rostro seguía oculto bajo la máscara de metal oscuro y el velo blanco que caía sobre ella.

Incluso Adrian palideció cuando ella se acercó.

El sacerdote comenzó la ceremonia con voz temblorosa y, finalmente, llegó el momento que todos habían estado esperando.

El duque sacó lentamente la llave de debajo de su ropa.

Un murmullo recorrió el salón.

Las manos del anciano temblaban mientras introducía la llave en el candado. Un pesado clic resonó en el lugar.

Retiró el velo blanco… y luego abrió lentamente la máscara.

Y en ese mismo instante, todo el salón quedó paralizado.

Alguien soltó un grito ahogado. Una mujer dejó caer su copa sobre el suelo de piedra.

Adrian contempló el rostro descubierto de Seraphina durante apenas un instante.

Entonces, su rostro se volvió completamente pálido.

Retrocedió tambaleándose, perdió el equilibrio y cayó al suelo de piedra conmocionado.

Porque debajo de la máscara había… 😲

La continuación de esta increíble historia se encuentra en el primer comentario 🫣

PARTE 2

Debajo de la máscara no había deformidades.

Ni cicatrices.

Nada aterrador.

Todo lo contrario.

Seraphina era increíblemente hermosa.

Tan hermosa que, durante varios segundos, todo el salón se limitó a mirarla en silencio, como si nadie pudiera creer lo que estaba viendo. Su rostro pálido era delicado y casi irreal bajo la luz de las velas. Su largo cabello dorado caía sobre sus hombros y sus extraños ojos claros atrajeron de inmediato todas las miradas de la sala.

Pero lo que más asustó a los invitados no fue su belleza.

Fue su expresión.

No había alegría en el rostro de Seraphina.

Ni miedo.

Ni alivio.

Ninguna emoción.

Miraba a las personas del salón con una expresión fría y vacía, como si algo dentro de ella hubiera muerto durante todos aquellos años oculta tras el metal y la seda blanca.

Lord Adrian intentó sonreírle.

Pero Seraphina ni siquiera lo miró.

Entonces, uno de los ancianos consejeros nobles ya no pudo contenerse. Se volvió lentamente hacia el duque y preguntó con voz temblorosa:

—Pero ¿por qué… por qué ocultaste a una hija así durante toda su vida?

El viejo duque guardó silencio durante mucho tiempo.

Después bajó la mirada y respondió tan bajo que todo el salón se inclinó hacia delante para escucharlo.

—Porque vi lo que la belleza le hizo a su madre.

Un murmullo recorrió a los invitados.

Las manos del duque comenzaron a temblar.

—Los hombres luchaban por ella. Los amigos se traicionaban unos a otros por su culpa. Se derramó sangre en mi casa porque todos querían poseer su belleza. No quería el mismo destino para mi hija.

Después de aquellas palabras, el anciano duque cayó repentinamente de rodillas en medio del salón y comenzó a llorar.

Nadie se movió.

Nadie habló.

Y entonces, por primera vez en muchos años, Seraphina habló por voluntad propia.

Miró lentamente a su padre y dijo en voz baja:

—No ocultaste mi rostro…

Su voz era tranquila.

Pero cada palabra atravesó el salón como una espada.

—Ocultaste toda mi vida.

El duque se cubrió el rostro con las manos.

Adrian permaneció inmóvil.

Los invitados observaban en silencio.

Entonces Seraphina se apartó del altar.

No tomó la mano de Adrian.

No volvió la mirada hacia el duque.

Simplemente caminó sola por la alfombra roja, pasando junto a los invitados conmocionados, las velas y las puertas del antiguo salón.

Y nadie se atrevió a detenerla.

Dicen que solo unos días después, Seraphina abandonó para siempre el castillo de Blackmoor.

Algunos afirmaban haberla visto en lejanas tierras del norte.

Otros decían que vivía entre la gente común bajo un nombre diferente.

Pero hubo algo que todos recordaron hasta el final de sus vidas:

El monstruo nunca había estado debajo de la máscara.

El verdadero monstruo había sido la vida que le robaron detrás de ella.

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